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El distrito de Mustang se encuentra al norte del macizo rocoso de  Annapurna en el Himalaya, entre Nepal y el Tíbet. Su capital es la ciudad amurallada de Lo Manthang, donde se encuentra el palacio de sus antiguos reyes, que debían ser siempre tibetanos y gobernaban cuando éste aún constituía un reino independiente. El reino vasallo de Mustang se creó en 1380 y fue abolido como tal en el año 2008 cuando la monarquía nepalí pasó a ser una república, convirtiéndose entonces en una región más del país.

Peculiaridades de la zona

Debido a su estratégica situación geográfica, fue durante  mucho tiempo un paso obligado para las caravanas que llegaban  a Nepal desde el Tíbet siguiendo la denominada Ruta de la sal. Además, fue antiguamente lugar de peregrinación de monjes tibetanos y budistas. Estos dos hechos han influido en que en la actualidad Mustang esté está considerado uno de los reductos mejor conservados de espiritualidad, vida tradicional y religiosidad genuinamente tibetanas. Junto con el  resto del paisaje, uno de los principales atractivos que la zona ofrece a simple vista es la gran cantidad de monasterios construidos durante esa época que se conservan.

Por esta razón, para mucha gente Mustang presenta una especie de islote tibetano de visita obligada dentro de Nepal. La región es de hecho diferente al resto del país en la mayoría de sus características, ya sea en el clima (mucho más seco), paisaje, lengua, religión, habitantes o su misma cultura.

A pesar de la sorprendente conservación de las costumbres y vida tradicional de sus habitantes, inusual en casi todo el resto de lugares del mundo, es cierto que cada vez más se arraigan las influencias que llegan por parte de sus países colindantes, especialmente China. Aunque esto parece algo inevitable, por suerte  no se está produciendo un cambio especialmente rápido. Aun así supone un auténtico peligro para la autenticidad, originalidad y valores que han caracterizado a la región durante siglos.

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Apertura al exterior

Mustang aparece en la mayoría de ocasiones referenciado como el reino perdido, el reino prohibido, el reino oculto o el último reino debido a su historia y a su ancestral aislamiento del mundo exterior. Hasta hace relativamente poco tiempo, la región ha permanecido cerrada a los extranjeros y en general a cualquier contacto con lugares y costumbres ajenos. De esta manera ha conseguido situarse en el mapa como uno de los rincones que menos han alterado su modo de vida del planeta y a los que acudir para escaparse  y poder comprender mejor sus peculiaridades.

El primer occidental que logró entrar en Mustang fue el explorador y escritor francés Michel Peissel en 1962 gracias a un permiso muy especial para esa única ocasión. Tal experiencia lo llevó a escribir su célebre libro Mustang, reino perdido en el Himalaya. Desde entonces y hasta principios de los años 90, el reino continuó con su hostilidad hacia los visitantes extranjeros.

En 1992 abrió finalmente sus puertas al turismo  y desde entonces se ha convertido en un destino recurrido para los viajeros que sientan especial curiosidad por este tipo de lugares, conocidos  por la crudeza del camino y lo poco que ha cambiado a través del tiempo.  De hecho, es precisamente su paisaje rocoso, árido y arisco el que atrae a números amantes deltrekking todos los años.

Aunque se haya producido esta pequeña –o gran, según se mire- apertura, las barreras no han caído completamente y para entrar en el alto Mustang es necesario un visado especial, además del nepalí, que puede obtenerse en el aeropuerto de Katmandú y se paga con aproximadamente 700 dólares cada diez días y por persona. El número máximo de visitantes, que deben acudir obligatoriamente en grupos de dos o más,  también está restringido y es de 1000 cada año.

Lo que se conoce como  el alto Mustang es el llamado originalmente Lo, perteneciente al antiguo reino tibetano. Es precisamente esta zona la que se encuentra más restringida mediante premisos, más cerrada en sí misma y por estas mismas razones la que resulta más atractiva a aquellos viajeros que quieren experimentar el auténtico Mustang.

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