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La Brecha Educativa En Nepal: Un Cuadro Complejo
Brecha en educativa Nepal

La brecha educativa en Nepal: un cuadro complejo

En Nepal, como en cualquier país del mundo, una niña o una mujer que asiste a la escuela está realizando su derecho humano fundamental a la educación.
Esto seguramente le permitirá tener una mayor posibilidad de desplegar su pleno potencial en el transcurso de su vida ya que , por ejemplo,  estará mejor preparada para obtener un trabajo decente y bien remunerado o alejarse de un hogar violento.
Aun así, en 2015 en Nepal el 48,05 % de las mujeres mayores de 15 años no tenían ningún tipo de educación.

A pesar de los esfuerzos del gobierno para hacer frente a este problema, los matrimonios a edad temprana (que ya son ilegales pero siguen practicándose en las zonas rurales) y el trabajo doméstico llevan a muchas niñas y jóvenes a abandonar la escuela sin finalizar su formación.  A esto se le suma el abuso sexual, las crisis humanitarias y la precariedad económica, que son sólo algunos de los factores que hacen que en Nepal terminar la escuela sea más difícil para las niñas que para los niños.

Desafortunadamente, aquí la discriminación de género debilita de muchas formas las perspectivas de las mujeres de recibir una educación, sobre todo en lo que se refiere a las castas más bajas. De hecho, solo alrededor del 11.8 % de las mujeres dalit (la casta más baja en Nepal) se matriculan en la escuela secundaria.

Es evidente que aquí la educación es tanto una cuestión de género como de división de clase.
En este contexto, romper el círculo de la pobreza parece una hazaña aun más compleja.

Nuestra respuesta: el proyecto Mahila para paliar la brecha educativa en Nepal

En Nepal Sonríe creemos que una mujer educada es un agente de cambio muy importante, un modelo y una fuente de transmisión del conocimiento que contribuye de modo sustancial a la mejora del estado sanitario, educativo y económico de su familia y de su comunidad.
Por eso en febrero 2019 pusimos en marcha el proyecto Mahila, con el objetivo de favorecer el empoderamiento de las mujeres adultas de las zonas rurales a través de la educación. El proyecto se centra en la alfabetización de las beneficiarias  en un pequeño núcleo rural de Nepal llamado Paldamar, en la realización de talleres de diferentes tipos para mejorar su calidad de vida (salud, nutrición, etc.) y, en un futuro, en la formación profesional para que puedan llegar a conseguir un trabajo.

El  proyecto nació directamente de la petición de la propia comunidad y de las propias mujeres; se hizo un trabajo de diagnóstico y formulación por parte de profesionales de la cooperación, teniendo en cuenta en cada fase el enfoque de género, con el cual abordamos todos nuestros proyectos.

A pesar de esto nos hemos encontrado, a principios del verano, en una situación difícil: las mujeres, que en un principio participaban con entusiasmo y regularidad a las clases, empezaron a fallar, a no asistir al curso, a darse de baja.

Cartel publicitario en Nepal

Cartel publicitario en Nepal

Frente a este momento de dificultad, nos hemos reunido con ellas, hemos hablado de las causas de la baja asistencia, de la posibilidad de modificar los días y los horarios del curso, incluso de mejorar la metodología con la cual se imparten las clases a través de la formación de su profesorado.
Tras la reunión todas se han ido a sus casas con la promesa de volver a ser puntuales y de asistir a las clases con regularidad.
Aún así, la semana pasada las mujeres nos pidieron un momento de pausa, unas semanas de suspensión del proyecto para permitirles acabar sus tareas en el campo.

“Está llegando el monzón” nos explicó una de ellas en la última reunión de seguimiento que mantuvimos, “y el arroz hay que plantarlo ahora. Si tardamos, se va a perder la cosecha.”
“Y los hombres ¿también participan en los trabajos del campo?” preguntamos nosotras.
Una carcajada general anticipa la respuesta: “Los hombres nos ayudan a preparar la tierra, los canales para el agua… Pero todo lo demás… y especialmente la siembra del arroz, son tareas que hacemos nosotras.”

Una mirada al futuro

Ante esta situación que a veces puede parecer desalentadora, ¿qué estrategia podemos adoptar?

Antes de todo, partimos de una reflexión: las mujeres europeas somos hijas de una larga lucha feminista.
Hoy en día, en pleno siglo XXI a menudo olvidamos como vivían nuestras abuelas: hace menos de un siglo, en muchos países de Europa, las mujeres debían cumplir un rol impuesto socialmente: el de esposa y madre ideal. Por eso las chicas tenían que ser, ante todo, femeninas. No importaba que fueran educadas: tenían que acatar todas las labores del hogar y tener cuantos más hijos mejor, mientras que los maridos se ocupaban de traer dinero a sus casas. Muy pocas mujeres pudieron seguir sus estudios y la mayoría de las que lo hicieron renunciaron a tener una vida laboral cuando se casaron.

Durante el desarrollo del Proyecto Mahila

Durante el desarrollo del Proyecto Mahila

Hoy, gracias a los pasos que hemos dado hacia la igualdad de género, damos por sentado que todas, en todos los países del mundo, gozamos de la misma situación.
Por eso a veces nos cuesta entender y sorprende que en Nepal la educación de las mujeres no se considere una prioridad: de ellas se espera que trabajen solamente en casa, cuidando de la familia, del campo, de los animales.

Así que nuestro primer paso ha sido asumir este problema, estudiar y ser conscientes de la complejidad de la situación y, sobre todo, diseñar y poner en marcha el proyecto involucrando en todo momento a sus beneficiarias. Un patrón de actuación que tendría que estar a la orden del día de toda organización no gubernamental.

Por un lado, aprovechando estas semanas de vacaciones de las mujeres, hemos empezado por formar el profesorado del proyecto gracias a Sonia, voluntaria sobre el terreno. Con el apoyo de Ana, gerente y técnica de cooperación al desarrollo de Nepal Sonríe, ha preparado una formación intensiva en técnicas pedagógicas para la alfabetización de las personas adultas. En pocas semanas las mujeres volverán a clase y será Shrijana, la trabajadora social de Haseko Indreni (la contraparte de Nepal Sonríe) , será la persona encargada de averiguar que la nueva metodología se implemente con efectividad. Esperemos que con esta mejora la motivación de las beneficiarias se mantenga constante, y que la formación permita a nuestro profesorado llegar cada vez a más mujeres de forma más eficaz.

Finalmente, seguiremos haciendo lo que desde siempre hacemos: escuchar a las mujeres. Teniendo en cuenta su carga doméstica, sus horarios, sus tareas y sus preferencias, monitoreando la asistencia de las beneficiarias, adaptándonos lo más posible a sus necesidades: haremos todo lo posible para que este proyecto cumpla con sus objetivos.

Con cariño y con paciencia seguimos luchando para que la educación sea una realidad para todas: no solo para las nuevas generaciones sino también para las más mayores.

Por Martina Zingari, coordinadora en terreno desde abril 2019

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