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Epístola de una Voluntaria

El equipo de Nepal Sonríe hemos recibido una nueva carta de una voluntaria que por su interés reproducimos aquí. Creemos que es importante llevar sonrisas a todos los lugares del mundo, y nosotros nos centremos en Nepal, pero lo que también nos satisface es que los voluntarios y voluntarias regresan con más sonrisas de las que dejan

Os dejamos con la carta:

«Normalmente me cuesta expresar lo que siento más que nada porque la mayoría de las veces ni yo misma lo se, pero esta vez tengo que hacerlo, al menos intentarlo, porque siento que os lo debo, porque sin vosotros nunca había sentido lo que he sentido, ni habría vivido esta grandísima experiencia.
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Antes de llegar sentía no miedo, pero sí ese gusanillo que te hace preguntarte como irán las cosas cuando no sabes a qué estas a punto de enfrentarte. Sorprendentemente para mi, no hubo periodo de adaptación, no hizo falta porque en cuanto puse el pie dentro de la casa esos niños tan tan especiales hicieron que me sintiera en casa; los primeros días no solo sentí más cariño del que esperaba, si no que además, por primera vez en mi vida, me dediqué a vivir el momento, sin pensar en que pasaría al rato siguiente. Eran ellos quien nos iban guiando en el camino.
Qué gran verdad esa de que los voluntarios acabamos recibiendo mucho más de lo que damos… Pero en cantidades mucho más grandes de lo esperadas, te abren el corazón, te dan todo su amor, te ENSEÑAN. Creo que nunca había admirado a alguien antes de la manera que los admiro a ellos, son grandes; saben hacer cosas que nosotros no conocemos, quieren sin condiciones, cuando lo más fácil sería pensar que puesto que sólo estaremos dos o tres semanas no merece la pena abrirnos el corazón de la manera que lo hacen, saben querer sin apegarse, libremente. Y no sólo eso, estando con ellos te trasladas al lugar donde no existen los «no puedos» son fuertes como los que más, y te enseñan que las limitaciones a veces no las pone otro que uno mismo (…) Menuda muestra de fortaleza, y que felices estaban los mayores simplemente por el hecho de poder haber ido por ahí todos juntos… Se quieren, y se cuidan, se cuidan muchísimo.
Podría seguir así infinitas líneas más, poniendo mil ejemplos de su fortaleza, de su bondad, de su amor, de sus enseñanzas… Pero eso vosotros ya lo sabéis, y sabéis que una vez les abres la puerta… Siempre los llevaras contigo.
No me puedo olvidar de mis compis voluntarias, ellas junto a los niños han sido mis grandes maestras este viaje, tengo tanto que aprender…
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Seguro que me dejo mil cosas por contaros, pero sólo quería que supierais lo especial y lo grande que ha sido esta experiencia para mi, espero poder poner en práctica muchas cosas a mi vuelta, y por supuesto poder daros las gracias por ella. También espero poder haber aportado algo estos días, aunque sé que habrá sido en un porcentaje mucho menor a lo recibido.
Quiero que sepáis que a partir de ahora estoy aquí, para lo que pueda ayudar porque no quiero que esto hayan sido sólo tres semanas de mi vida, si no el comienzo de algo.»

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